
En Tucumán tenemos una Navidad subtropical. No hay renos, ni muérdago, ni nieve y Papá Noel por supuesto que no anda en trineo, vehículo inútil del todo en un sitio donde la nieve es nada más que ese polvo blanco que se ve en las cumbres del Aconquija. A los regalos los trae indistintamente Papá Noel o el Niño Dios. Lo que muchos no entendemos es por qué en su cumpleaños el niño trae regalos para todos cuando debería ser al revés. Pero buéh, así es la vida.
En Tucumán tenemos una Navidad subtropical que se celebra en todas las familias, aunque no haya devoción cristiana. En algunos barrios los vecinos sacan los parlantes del equipo de música a la vereda y ocupan toda la calle en el festejo. No comemos pavo, sino pollo y lechón y sanguchitos de miga. Todo frío, como indican las durísimas temperaturas por arriba de los 36° C. Otra comida tradicional del día es la "ensalada rusa" (papa, zanahoria, arvejas y mayonesa), que vaya uno a saber por qué se llama así. Se brinda con sidra de manzanas y con ananá fizz (sidra de ananá). El postre es ensalada de frutas (una mezcla de frutas picadas -manzana, ananá, naranjas, duraznos, uvas, bananas-, sumergidas en gaseosa con gusto a naranjas y sazonadas con mucha azúcar).
En fin, que por estos pagos es de mucha alegría la fiesta, sobre todo en los "sectores populares" (así les dicen a mis paisanos más pobres).
Muchas felicidades a todos. Que tengan una linda cena de Navidad.