29 de noviembre de 2006

De barricada


Para qué la barricada. (No sé Álvaro detrás de cuál hayas elegido estar, o cuál te habrá tocado en suerte). La mía es, como manda la academia, para detener el paso del enemigo.

Es sabido que los enemigos van cambiando (mutan ellos o renuevo yo mis enemigos). Entonces van cambiando también las cosas que apilo delante de mí, la composición del muro. Pero detrás de mi barricada ofrezco además refugio para los que no tienen la propia.

¿Quién quiere venirse aquí, poner a cubierto la cabeza, el cuerpo o lo que precie?

Yo por ejemplo, no dejo que me maten aquí la confianza. Yo quiero creer que no me mienten. Elijo eso y me lo cuido detrás de las vallas. Tengo a resguardo muchas más cosas: la universidad pública; el cine; el sistema solidario de la seguridad social argentina; las chacareras de los hermanos Núñez y Amaicha (aunque me empuja y me pisa la Alumbrera). Guardo, aunque me haya traicionado, ese final de discurso de Alfonsín en la campaña de lanzamiento de la Alianza (por el trabajo la educación y la justicia): "No se trata de ganar una elección, se trata de salvar a la patria". Tengo aquí mi cuerpo y el derecho a decidir sobre lo que le pasa. Una buena edición de la Commedia y otra muy buena y comentada del Decamerón. Protejo mi cansancio (porque es mío, qué mierda) y mi descanso; los abuelos -mayormente los míos que los otros-; las genialidades de la Vanesa Neumann; la igualdad ante la ley; Pikachu de peluche; la apasionada fe de Noguera; un par de recuerdos. Llorar a los gritos; la salud pública; besitos inolvidables; los cantos profanos de Orff; los derechos de los trabajadores. Esa de la Constitución que les salió tan linda: "para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino".

He amontonado bastante aquí atrás. Pero siempre hay espacio para quien guste sumarse. Me tengo que ir. Fabián y Pablo me esperan con cerveza. Después vamos a usar la botella para la barricada. Creo que Diego Toscano me sugeriría guardarla para hacer molotovs. Quién sabe. Felicidades de paso para Diego que salió primero en el concurso de cargos en la facultad. Y para Rafael, que hoy recibe un premio por su trayectoria, entregado por la Asociación Argentina de Actores (me imagino que no querrás que te diga "papi", como hace la Luz García Hamilton con el viejo Enrique). Hasta mañana.

Ricardito demanda

En su pobre publicidad de campaña pide al gobernador mejoras en la ruta 157 (a cargo de Vialidad Nacional) y de la ruta 38. Perdón, no pide: demanda. Pero no recuerdo que su papi le haya hecho el honor a niguna de esas dos rutas cuando fue interventor y gobernador de facto; ni cuando fue gobernador legal.

23 de noviembre de 2006

Discurso Hogar Belgrano


A continuación reproduzco el discurso que dio uno de los miembros del equipo técnico del Hogar de Menores Manuel Belgrano, en el acto de aniversario que se hizo en la mañana de hoy.

Quiero dar la bienvenida, en nombre de la comunidad del Hogar Belgrano, a todas las personas que se acercaron hoy a celebrar con nosotros.
Esta es nuestra casa y nos alegra ser anfitriones de tanta gente.

Estamos festejando porque hace 87 años el gobernador Bascary fundó esta familia. Para los que no sabían, somos una familia enorme, con muchos hermanos, donde los más grandes cuidamos a los más chicos.
Los funcionarios, los preceptores y los del equipo técnico estamos orgullosos de trabajar como hermanos mayores. Porque, como decía el poeta Armando Tejada Gómez, “es honra de los hombres proteger lo que crece”.
Aquí protegemos lo que crece. Y seguro que esperan que ahora diga que “los chicos son el futuro” y que es “nuestra responsabilidad llevarlos de la mano para que no se aparten del camino” y todas esas cosas. Pero no. Porque este discurso cortito es en serio, es del corazón. No es de esos que pueden escuchar cualquier día, en cualquier acto de un aniversario cualquiera.
Es un discurso para invitarlos a que quieran, de verdad, festejar este día con nosotros. No queremos que se queden apenas un momento, incómodos. Mirando el reloj a cada rato a ver a qué hora se termina todo. Pensando en volver a la casa o a la oficina ya mismo. Queriendo terminar con esta obligación protocolar de una vez por todas. No se sientan obligados a quedarse. Pero siéntanse obligados a pensar que nos hace falta una patria con lugar para todos. Que ése es el futuro. Y que se lo construye desde un gesto tan simple como las sinceras ganas de quedarse aquí, a festejar y divertirse. Van a ver que después de un rato dejan de vernos como a “los otros” y empiezan a decir “nosotros”. Y aquí les va otro pedazo del poema de Tejada Gómez, que piensa como los miembros de esta familia.

Importan dos maneras de concebir el mundo.
Una, salvarse solo,
Arrojar ciegamente a los demás de la balsa
Y la otra,
Un destino de salvarse con todos,
Comprometer la vida hasta el último náufrago,
No dormir esta noche
Si hay un niño en la calle
.


Muchas gracias.

21 de noviembre de 2006

Su super superficial (las nuevas leyes "Paratí")


En los últimos tiempos se puso de moda la legislación maquillaje. Maquillemos el problema para que se vea mejor, para que salga en la tele y en las páginas de "interés humano" (o "interés general" u otro nombre por el estilo) de los diarios. Es el tipo de leyes que se publica también en las páginas más serias y sesudas de los semanarios femeninos al estilo Para Ti.
En Tucumán hemos empezado a ponernos a la moda con la ley antitabaco. No se puede fumar en ningún lugar cerrado de acceso público (no sólo oficinas o lugares de trabajo, sino también bares y restaurantes). Simplemente está prohibido fumar. Pero no hay educación sobre los efectos nocivos del tabaco. Tampoco se prohíbe a las tabacaleras publicitar sus productos. Ni se obliga a las prestadoras no estatales de salud a cubrir los tratamientos para zafar de la adicción a la nicotina.
Ahora, desde la movida de Alberto Cormillot (http://www.drcormillot.com/adelgazarhoy/dia_obesidad.php), se propone para Tucumán una ley que reconozca la obesidad como una enfermedad. Pero la legisladora que levanta las banderas de esta nueva ley no dijo nada acerca de, por ejemplo, reemplazar las golosinas por frutas en los kioscos de las escuelas. O proponer la educación nutricional como obligatoria en las currículas (podría entrar tranquilamente en lugar de la materia "Religión católica" que dictan actualmente en las escuelas provinciales).
Hoy, un nuevo proyecto en danza es el de repartir en forma equitativa, entre las parejas casadas, las tareas domésticas. En este contexto, negarse a lavar los platos se admitiría en los tribunales como causal de divorcio.
Quisiera aclarar un par de cuestioncillas: prohibir la venta de bebidas alcohólicas en determinados horarios no evita que la gente se emborrache. Tampoco redujo el número de alcohólicos. La ley Paulina Lebbos (cerrar los bares, restaurantes y locales bailables a las 4 de la mañana) no evita que los que se emborracharon antes de esa hora hagan lío en la calle. Ni que se cometan delitos tales como secuestros y asesinatos de mujeres.
La ley para reconocer la obesidad como una enfermedad, tal como la plantea Cormillot, es no sólo interesante sino también importante. Pero de la propuesta tucumana sabemos poco. Y nada. Otra pinturita demagógica sobre el digesto provincial.
El proyecto sobre el reparto igualitario de tareas domésticas es... cómo decirlo... una basura. Si lo que se pretende es una medida de acción positiva (que trata alguna de las consecuencias de la desigualdad, a la espera de que una sociedad determinada resuelva la causa), tampoco es éste el modo. Una consecuencia SERIA de la desigualdad entre hombres y mujeres es la asignación de tareas y el reparto salarial en el mercado del trabajo. O la (len, ta, men, te decreciente) poca influencia de las mujeres en cargos dirigenciales políticos, sindicales y académicos. Eso de legislar sobre el reinado en el mundo de la escoba el plumero y el magistral ultraconcentrado con aloe vera que no daña las manos es una estupidez.
Vamos, señores. Hay que llevar con dignidad eso de que somos la generación del bicentenario. Ser rebautizados y recordados como la generación Paratí, del cutis sin estragos del tabaco, en silueta y con igualitario olor a detergente en las manos sería, cuanto menos, desilusionante.