20 de mayo de 2008

Nikita

Ángel Nikita Gutiérrez


Lo conocí en la APT. En alguna reunión de tantas. Nos caímos bien. Él, un militante de toda la vida que le llevaba por esa época unos ochenta años.
Dice la Caro que unos días antes de irse avisó que estaba muerto y en el cielo. Que lo dejaran de joder. Que estaba bien ahí. Hombre ordenado, el Nikita. Avisar para que todos se queden tranquilos se me ocurre que es algo muy suyo.
Hizo de todo. Participó en la creación de la Asociación de Prensa de Tucumán (en algún registro de socios figura como afiliado 001). Hizo radio, escribió en el diario y fundó una radio en San Pedro de Colalao. Hace poco, un par de años, se pudo legalizar la instalación de la radio y su frecuencia, derrotando a la Ley de Radiodifusión de la dictadura del '76. La última vez que nos vimos, hace unos meses, estaba haciendo unos trámites en Pami para un centro de jubilados que llevaba adelante junto con su mujer. Hizo muchas más cosas, claro. Esta es una enumeración pobre, apenas para contextualizar.
El apodo, dicen (haciendo alusión a Kruschev), le vino porque fue comunista ("pececillo", diría Claudio). Él sin embargo se reivindicó siempre como "peronista y profundo simpatizante de la izquierda nacional". Recuerdo bien la frase, porque le pregunté si le parecía que eso fuera posible. Así tuvimos una conversación (larga, con él no se podía hablar brevemente) sobre peronismo y peronistas y militantes y vaya uno a saber qué más.
Lo recuerdo en los congresos, evadiendo la vigilancia que Carolina y yo habíamos instalado para evitar que tomara demasiado café o demasiado vino (había que cuidar la presión arterial). En esos días no dormía (como nosotros) y se la pasaba de gran charla, aprovechando que todos tenían onda para darle a la lengua y al vino hasta entrada la madrugada.
Te quiero agradecer, Nikita, por haberte tomado tiempo para hablar conmigo, pendeja (en esos años) irreverente creída medio militante. Nunca me hiciste sentir que yo no tenía para aportar a la conversación más que preguntas y preguntontas. Y te agradezco además por haberte dejado cuidar a veces, como lo hacía con mis abuelos, rompiéndote tanto las pelotas (¿tomaste el remedio? ¿seguro que podés tomar café? ¿no querés sentarte allá, lejos de la ventana así no te da el frío?).
Me quedé triste cuando me dijo la Caro. Bien triste. Pero qué bueno que estés en el cielo y que la estés pasando bien. Y qué bueno que nos hayas aclarado que los muertos no necesitan plata (un alivio no tener que juntar monedas para el hombre de la barca). Y qué bueno que nos hayas avisado que los muertos no usan celular. Nos vamos a evitar un par de llamadas perdidas.
Chau, Nikita.

12 de mayo de 2008