27 de agosto de 2010

Volver a pasar por el corazón



De vuelta al ruedo. He estado escapando durante un tiempo. Demasiado. He evitado este año el post del 14 de abril. Y el 22 mereció otro, para la tía Susana y esos primos que veo muy de vez en cuando, pero que siempre me han tenido en cuenta. En verdad siempre.
Y después la Tona. Y el viejo Dante.
Y es terrible esto de escaparse porque igual la gente se muere. Y algo hay que hacer con eso. Con el dolor de uno, digo. Hay que decirlo. Poner en palabras las cosas. Curarse en verbo.
Hay que decir que es terrible esto de ir quedándose sin amados, sin parientes, sin amigos, sin abuelos.
Entender que uno está viejo así, entender que uno está viejo porque está desabuelado.
Recordar. A Claudio, a la poco visitada Susana, la Tona, el viejo Dante.
Recordar como homenaje. Y también como un acto de cordura.
Hay cosas que he dejado de atesorar. Cosas a las que he arrebatado el estado de coleccionables. A las que he devuelto su materialidad absoluta sólo para no encarcelar en ellas la memoria del otro. Pasaron a ser objetos desechables. Un suéter, algún sombrero, los anteojos, un disco, el libro. Listo.
Ahora la memoria no está en ningún lado. La memoria soy yo. Soy la dueña del recuerdo, su ama, su hija, su hermana y su madrastra.
Yo, la memoria, elijo volver a pasar por el corazón. Elijo ese homenaje. Recordar.