21 de septiembre de 2006

El parto humanizado


Ayer el ministro de Salud de la Nación inauguró diez salas nuevas en el Instituto de Maternidad de Tucumán. Se trata de cuartos donde las madres podrán pasar el trabajo de parto y el parto acompañada de las personas que prefiera, además de los profesionales que sean necesarios de acuerdo con su estado de salud. El servicio es único en la provincia, y a pesar de ser estatal, público y gratuito, tiene comodidades que muchos centros privados no ofrecen. Hasta aquí, todo bien. Pero el proyecto por un parto humanizado está rengo. Le falta la pata de apoyo que ofrece la comunicación.
Hace más o menos tres años que los servicios públicos de salud que más nacimientos asisten (el Instituto de Maternidad Nuestra Señora de las Mercedes y el hospital Avellaneda) están trabajando en propuestas más humanizadas y menos medicalizadas del parto. Pero nadie lo sabe. ¿A usted, mujer en edad reproductiva, alguien le avisó? ¿Le contaron acerca de las ventajas de un parto más natural y con menos intervención médica? Creo que no.
El Estado ha limitado sus esfuerzos de comunicación a la difusión de noticias (noticias sobre actos de gobierno, sobre servicios, sobre progresos de la gestión) a través de los medios tradicionales (diarios, televisión, radios). En algunas campañas de salud se reforzó el sistema de difusión a través de cortos publicitarios.
Y la comunicación es mucho más que medios masivos. Comunicarse implica establecer un contacto con el destinatario. Y en el caso de la salud pública, hay que sacarle el mayor provecho posible a ese contacto.
No saben que no saben nada
Me preocupa puntualmente el caso del parto humanizado. Que no es sólo la posibilidad de que la parturienta pueda elegir a las personas que la van a acompañar en el momento de parir.
Cuando una mujer llega al paritorio, es porque ha pasado ya por una serie de instancias de decisión. Lo importante es darle información suficiente para que tome cada una de las decisiones que la llevarán, en última instancia, a una de las salas recién inauguradas del servicio público.
La primera de las decisiones que tiene que tomar es si desea o no embarazarse. Tiene que saber que si no quiere, no va a quedar preñada. Para ello tiene que tener a su disposición los métodos anticonceptivos (los entregan gratis en los servicios públicos de salud) y la información acerca de cómo usarlos.
La última de las decisiones que tiene que tomar es cómo quiere parir. ¿Quiere hacerlo en un servicio médico? ¿Quiere estar acompañada por su familia? Mis comprovincianas, aún las que tienen un acceso más cómodo a la información y a la educación sanitaria, no saben que pueden elegir cómo traer su chico al mundo. Hay médicos que hacen episiotomías sin preguntarle a las pacientes si la quieren o no. Sin informarles siquiera de qué se trata. A mí no me gustaría un corte con bisturí en los bordes de la vagina, en términos generales. Mucho menos si me lo hacen SIN PREGUNTAR. Hay parteras y enfermeras que rasuran el pubis y hacen enemas a las pacientes sin preguntarles si lo quieren o no, sin explicarles que es un procedimiento de rutina, no una necesidad para el parto. Tengo amigas que me dijeron cosas tales como: "Yo me entrego. Durante el trabajo de parto uno no está en posición de discutir con nadie. Si me quieren pelar, hacer un enema, ponerme una vía intravenosa o abrirme con una yilé da lo mismo". Oí a médicos decir que a las pacientes no hay que explicarles nada. Una pena.
Avisen
Llevar los conceptos del parto humanizado al público ayudaría (junto con la campaña de control prenatal que ya está en marcha) a disminuir el número de cesáreas; a gastar menos insumos médicos; a favorecer la pronta recuperación de las madres. Las obras sociales sindicales, las empresas de medicina prepaga y los servicios del Estado ahorrarían en honorarios médicos, leches maternizadas, hojas de rasurar, material de sutura y analgésicos. Las madres se sentirían más a gusto participando de las decisiones en cada instancia del parto. Los médicos y las parteras trabajarían con mayor tranquilidad y recibiendo la colaboración de las mujeres plenamente involucradas en lo que les está pasando.
Si quieren saber de qué se trata, y por qué hago tanta alharaca con esta historia, tómense un tiempito para leer el documento en el link que les propuse más arriba.
Elegir la forma que mejor nos va para parir es otro de los derechos que tenemos sobre nuestras conchitas, chicas. Hay que ejercerlo

1 comentario:

José Villegas dijo...

Hola Mariana, te cuento que aquí en Holanda, más de la mitad de la mujeres embarazadas paren en casa. Por supuesto, con los nueve meses con una partera, cursos y más cursos.

Sobre cómo embarazarse (desde tomar la decisión) me parece que es algo que queda en la pareja. No deben estar esperando a que le hagan todo. Inclusive la repartija de anticonceptivos me parece la ridiculez más grande que existe. Con el dinero que se destina a eso se pueden financiar cosas para dar trabajo a la gente, y que ellos decidan por su cuenta cómo cuidarse y qué anticonceptivo usar (porque convengamos que detrás de esto hay un gran negocio, tapado con la excusa de la pobreza de los destinatarios). Peor aún, si leés bien, en esos anticonceptivos dice el número de préstamo del banco mundial que deberemos pagar dentro de 15 años...