17 de mayo de 2019

Por ahí




Voy a empezar a buscar por el lado de la belleza. Porque por el de la paz forzada hay un silencio triste. Como el silencio de los que creen que su palabra vale poco.

Hay belleza que duele, belleza que se quiebra. O hay grito en la belleza. Cansancio a veces. Escaras (flores de yacer en pasividad activa yacer hasta que florezca el cuerpo yacer esforzadamente inmóvil para ser carne y pétalo).

Claro que vamos a preferir siempre (siempre, siempre) la belleza que canta.

Porque en la paz forzada hay un silencio de tristes. Construido con palabras ignoradas maltratadas devaluadas. Recogidas en el aire, desoídas y devueltas. Y qué castigo qué dolor qué cosa tan violenta el desdén del que hace como que no has dicho nada.

Por el lado de la belleza. Que también tiene desamor. Pero por ahí, por ahí va la cosa.


27 de febrero de 2019

No deberíamos








1. Se dice. Se falla.

La niña está en peligro, dice el juez.
Y dice que la va a poner a resguardo en casa de la abuela. Y falla.
Y falla.

La niña ha atravesado el peligro, dicen los médicos de atención primaria. Y dicen que la van a derivar para que quede a resguardo.
Y fallan.

En el hospital la niña dice pide suplica que le saquen de encima las huellas del viejo. Pero nadie la escucha. Llora. Llora todo el día, dicen los que la escuchan de lejos.

En medio de todo hay una fiscala que investiga y otra que fiscaliza a los médicos para que no se equivoquen no vaya a ser cosa que se equivoquen y terminen equivocándose y pagando en su fiscalía alguna cosa que no vaya a ser que pase porque si no capaz que terminan pagando algo. De onda, fiscaliza.

Los médicos se lavan y se lavan y se lavan las manos, pero no se ponen los guantes.