18 de noviembre de 2009

Ciberalfabetización e inclusión social



Escribí este ensayito como parte de la carpeta de temas de discusión en las Primeras Jornadas sobre el Uso Responsable de Tecnologías de la Comunicación e Información que se hicieron en Tucumán.
Quiero dejar bien clarito que, desde mi modesto y militante punto de vista, el riesgo que implican las TIC para los jóvenes es igual al que implican los lápices 2B: pueden servirles para atravesar sangrientamente el ojo de los hermanitos menores o para dibujar, escribir, construir objetos de grafito y madera... El asunto es orientar a quienes sostienen el lápiz a usos alejados del globo ocular filial. Quienes se inclinan a estar permanentemente preocupados por los "riesgos" de internet, son los que se inclinan por encima del hombro de alguien para ver el monitor de una PC. Son los que desconocen, los que no navegan, los que toman 500 cursos sobre TIC's pero a la hora de la verdad prefieren un tevé de 42 pulgadas y antena satelital antes que una portátil y un buen servicio adsl. Son los cultores de la deshonestidad intelectual docente. Buéh, hecho el preámbulo mala onda, los dejo con el documento en cuestión.



Estamos a fines de 2009 y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC’s) ya no son tan nuevas. De hecho son las tecnologías de la información, pues es en poquísimos casos (la mayoría relacionados con procedimientos de imprenta) que los medios de difusión del conocimiento utilizan herramientas analógicas.

En este estado de cosas, la inclusión digital tiene el mismo valor de herramientas básicas tales como la escritura y la capacidad de leer. Pensemos en chicos de diez años de edad. En diez años más estarán buscando trabajo o iniciando estudios superiores. No podrán ser exitosos en ninguno de estos dos campos si no se desenvuelven con comodidad en el uso de sistemas de circuitos integrados. Que no son sólo las computadoras. Son todos los objetos tecnológicos que tienen lo que conocemos como “chip”: teléfonos celulares; cámaras fotográficas; reproductores de DVD; consolas de videojuegos; proyectores; televisores; impresoras; fotocopiadoras; dispositivos de sonido; automóviles y más. Todos estos artefactos se comportan de manera parecida al punto que en muchos casos tienen la posibilidad de conectarse entre sí.






Navegantes sin rumbo

Llegados a este punto de la lectura algunos de ustedes habrán pensado en niños que usan estas tecnologías y las tratan con familiaridad. Nada, desde internet hasta reproductores de MP4 parece resistirse a la pericia de estos chicos. Ellos simplemente ponen en funcionamiento capacidades básicas de supervivencia: se enfrentan a un medio determinado y resuelven razonablemente los desafíos que se les presentan. Pero muchos de ellos son, de todos modos y a pesar de su trato confortable con las TIC, analfabetos digitales. Muchos estudiantes universitarios son analfabetos digitales. Muchos docentes, dentro de todas las comunidades de enseñanza, son analfabetos digitales.

Un adolescente que navega al menos una hora diaria en internet, tiene correo electrónico, chatea y utiliza una cuenta de Facebook no necesariamente podrá usar la computadora para escribir un trabajo práctico; hacer consultas con sus docentes; elaborar un curriculum, diseñar un cartel de no molestar o enviar invitaciones para su cumpleaños a una treintena de personas. Este chico conoce la herramienta, está en condiciones de usarla, pero no sabe qué es lo que puede hacer con ella.

¿Por qué hay cosas en las que los usuarios jóvenes son especialistas y otras que no alcanzan a resolver?

En chicos entre 5 y 25 años, la relación con las máquinas está pautada a través del entretenimiento. (Esto no es un dato estadístico. Es una observación del mundo conocido). En casi dos centenares de participantes en talleres de capacitación he observado esto. Las personas jóvenes no tenían una relación conflictiva con los artefactos, pero sí con las consignas propuestas. Ante la idea de crear documentos y páginas colaborativas o de hacer cuentas de correo fuera de Hotmail reaccionaban espantados. No por la exigencia de la tarea. Para ellos no implicaba un desafío desde el punto de vista del manejo de la herramienta. Pero sí era un desafío en relación con la forma de pensar la herramienta. Hubiese sido igualmente difícil para ellos que les pidiera usar sus cámaras digitales y sus aparatos de MP3 para grabar imagen y sonido de un documental.

Los usuarios jóvenes basan su relación con las máquinas en el entretenimiento porque es lo que ellos quieren y necesitan. No tienen otro tipo de requerimiento ni de exigencia del medio. Ni los padres ni los docentes están en condiciones de llevarlos hacia una relación más rica o más amplia con las TIC. Tal como sucede con la lectura y la escritura, que alguien conozca las letras y pueda leer las palabras no implica necesariamente que vaya a leer La guerra y la paz o a escribir un poema. Es el medio el que proporciona los necesarios para explotar las capacidades adquiridas.



La inclusión digital

La inclusión digital tiene varias aristas, pero nos limitaremos hoy a enumerar unas pocas, las más importantes.

  1. El acceso material a la herramienta (hardware, software y conectividad).

  2. El acceso al conocimiento de la herramienta (ciberalfabetización).

  3. El reconocimiento del entorno.


Los dos primeros puntos tienen una enunciación bastante clara y no necesitan explicación. Nos detendremos en el tercero. Con reconocimiento del entorno me refiero al hecho de que el medio en donde el sujeto recibe su educación debe reconocer que la adquisición de ese conocimiento es importante.

Lo que me interesa plantear específicamente es que no puede generarse un entorno para el desarrollo de los dos primeros puntos sin que esté resuelto el tercero. Si no reconocemos que el uso de las computadoras y la conexión a internet es fundamental para el desarrollo de diversos aspectos intelectuales y sociales, no nos molestaremos en comprar las computadoras, en conectarlas a internet y en aprender a usarlas.


¿Y cómo relacionamos todo esto de lo que estamos hablando?

Nuestros navegantes de tres párrafos atrás están en una situación intermedia en la que han resuelto los dos primeros puntos, pero no el tercero. Este sujeto social que tiene acceso pero no conciencia de uso, utilidad y necesidad representa claramente al orden colectivo. Sabemos que las TIC’s son importantes, tomamos cursos, compramos un par de libros y discutimos en jornadas académicas, pero no pasamos tiempo suficiente desarrollando capacidades dentro del medio digital para ponerlas a la par de las otras habilidades intelectuales que hemos adquirido. Escribimos correos electrónicos y gozamos de uno o dos beneficios de Google. Armamos una presentación de diapositivas y manejamos las opciones tipográficas de nuestro procesador de texto. Pero no hemos cobrado real conciencia de que los sujetos que no accedan al mundo digital se enfrentan a la exclusión social más temprano que tarde. No hemos resuelto el punto 3 para promover la inclusión digital.


Formas de exclusión

El conocimiento que circula dentro de un sistema define la capacidad que tiene ese sistema para administrar y adquirir más conocimiento. Cuanto más conocimiento haya dentro de un sistema, mayor será su capacidad para incorporar nuevos conocimientos. Entonces, el conocimiento es un valor que tiende a concentrarse ya que, quien maneje más información, podrá adquirir y administrar nueva información con mayor facilidad. “Las estructuras más ricas son capaces de acumular nueva información con facilidad. Y, por el contrario, las estructuras “infopobres” tienden a permanecer como tales. En otras palabras: la distancia entre los que saben mucho y los que saben poco tiende a crecer porque los primeros acumulan información con mayor rapidez que los segundos”1.


A trabajar

De acuerdo con la teoría de la información, entonces, entre los millones de excluidos digitales y los millones que tienen internet en su casa (acceso material) habrá un mar de diferencias cada vez más grande. Y la brecha será todavía mayor entre los excluidos y los que tienen además de acceso material, acceso a la educación en el uso de la herramienta.



Inclusión digital es inclusión social. Dentro del espacio docente, el área de inclusión que se puede alentar es la ciberalfabetización. Pero para hacerlo con la claridad conceptual y el esfuerzo que merece la empresa, hay que entender cabalmente su importancia. Hay que aportar desde el reconocimiento del entorno. El desafío queda planteado. Espero que haya muchos valientes.

1 Segarra, David. Las nuevas tecnologías, ¿nuevo factor de exclusión social?

3 de noviembre de 2009

Un día en la vida

Antes rindo dos prácticos. Después me entero de que tengo una edición berreta del libro de Arlt. Quizá no sirva para el examen. Ahí nomás la puteada de Javier. Injusta, por cierto. Ahí nomás Vallejo. El juguito supuestamente saludable que tomé en lugar de cocalái me cayó como un litro de ajenjo. Nota mental: no intentar llevar una vida sana. Evidentemente esos intentos dañan mi salud. Consigo cambio, tomo el 129.
Sube un chaboncito con las orejas perforadas. Pero perforadas. En los agujeros, en lugar de aros, insertas dos argollas hechas con caña. Insertas por los bordes, de manera que los lóbulos son como dos bocas abiertas. O como un par de orejas adicionales. Dice algunas cosas a las que no presto atención. Dice también que está viajando por Latinoamérica. Tengo la impresión de que tiene acento chileno, pero no estoy muy segura. Empieza a tocar la Zamba de Lozano con el charango. Y al mismo tiempo toca el sikus. Después toca otra cosa, una canción que no alcanzo a reconocer. Le doy unas monedas, no tengo más. Tengo, pero es todo lo que me queda y no me atrevo a dárselo. Él pone la plata en un bolsito de tela artesanal y me aclara, mientras sacude la cosa y hace sonar la alcancía, que el bolso se llama Juanito. Que es su compañero de viaje. Termina el concierto raro, haciendo equilibrio entre las frenadas y los pozos de Domingo Amaya, con una versión libre. Con una versión. Libre. Con una diversión libre. No sé, algo así. Sin documentos, de Los Rodríguez. Le doy otras monedas que encuentro sueltas. Cierra el espectáculo con un discurso sobre la lluvia que esperamos y que vino a alimentar los surcos de nuestra tierra. Antes de bajarse dice "viva Latinoamérica unida". Pienso en la medida de mi pobreza. En el infortunio y la fortuna que es la medida de mi pobreza, que son esos cien que tengo en el bolsillo y con los que de muy buena gana le pagaría el muy buen rato. La medida de mi pobreza que son esos cien que no me animo a darle porque no podría explicarle al Gordo que los usé en tres canciones y en vivar a la Latinoamérica unida con un viajero de cuatro orejas.