30 de octubre de 2007

Este Noé es otro



Bienvenido, Noé Toscano.
Es muy gracioso esto de ver a los hijos recién nacidos de los amigos. Son una mezcla de gente conocida. Pedazos de cosas que ya había condensados en un espacio chiquito.
Aunque tiene la cara de Diego adentro del cráneo de la Joaquina (más o menos como pasó con su hermana mayor, la Mora), parece que pinta el carácter del abuelo Héctor.
En fin, este Noé salió bicho hermoso y uno no puede dejar de mirarlo. (Tiene los pies largos: una huella suya mide la mitad de la mía. Y yo tengo 32 años. Y un metro más de alto que él).
La Mora se apropió del papel de hermana mayor de un modo que conmueve a pesar de los celos.
A que Noé cambia la historia de su nombre. O la hace más linda, más interesante, casando animales entre especies en su arca genetista. Fabricando diluvios que pueda controlar, sembrando tormentas benévolas en el Caribe. Haciendo llover sobre Santiago del Estero.
Sí, me parece que después de él nadie se va a acordar del otro. Y nos va a costar pensar de dónde sacamos eso de la paloma y la rama de olivo.

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