9 de marzo de 2007

Periodistas: ni colegas ni compañeros, servidores públicos




Hace ya tiempo que los periodistas (tanto los que ejercen como los que tienen título universitario de periodistas) discuten, disertan y publican acerca de dos cuestiones. Una de ellas es "El rol (o la función, o el desafío o alguna otra palabra por el estilo) del periodista en nuestra sociedad (o en la actualidad, o en el mundo de hoy, o en el nuevo milenio)". Otra de ellas es "¿Colegios o sindicatos de periodistas?".

Servicio público
La primera de las cuestiones es bien fácil de resolver. La función del periodista o, más bien, su deber, es servir a la comunidad en la que está inserto. Por esto mismo que acabo de decir, el rol del periodismo no es "educar" ni "instruir" como se suele promulgar en muchas escuelas de comunicación. Proponerse a sí mismo un periodista como educador es el colmo de la megalomanía. El periodista no tiene un púlpito ni cátedra. No tiene fieles ni alumnos. Con suerte -y si hace bien las cosas-, tiene un público.
El periodista es un servidor público, como el recolector de basura o el médico de hospital. Los miembros de la comunidad desarrollan actividades y generan hechos que son importantes para otros miembros de la comunidad. El periodista hace una recopilación de sucesos y los divulga a los destinatarios de las actividades y hechos que se han generado dentro de la comunidad. Y dije que divulga. Es decir, pone los sucesos al alcance del público. Hace accesible la información sobre esos sucesos. Después de todo, el periodista es un comunicador. Claro que en una comunidad se generan muchos hechos y se desarrollan muchas actividades que interesan a más o menos gente. De modo que no todos los sucesos son sujeto de publicación o divulgación. El dueño del medio de comunicación (radio, periódico de papel, televisión, página web de noticias), el editor y el propio periodista hacen una selección entre la multitud de temas que tienen en frente. Por eso, una de las formas más honestas de ejercer el periodismo, es no ocultar al público cuáles son los criterios de selección de la información que determinado medio o comunicador utiliza. Así, por ejemplo, si yo quiero leer un diario que defienden al stablishment económico sé que voy a comprar ámbito financiero. Y sé que si lo compro voy a leer una selección de información que se hizo bajo el criterio de la defensa del stablishment económico. Sé que en el filtro de la redacción de ese diario quedaron sucesos que no son considerados como información relevante porque no responden al criterio de selección que aplican los sucesores de Julio Ramos.



Colegios y sindicatos
Desde que existen en la Argentina las carreras terciarias y universitarias de periodismo y de comunicación social, los graduados han planteado la "necesidad" de la colegiación. Un colegio profesional defiende los intereses de sus asociados. La condición para colegiarse es tener el título profesional que da nombre a la asociación. Uno de los planteos de defensa de intereses que suelen hacer muchos graduados es que los medios sólo contraten personal con título "habilitante". Otro de los planteos es el "control ético" del ejercicio de la profesión de periodista. Para eso los colegios tendrían un tribunal de ética que aplicaría vaya uno a saber qué conceptos sobre la deontología del ejercicio del periodismo para condenar a los malqueridos o absolver siempre, como suelen hacer por sus pares los colegas.
De todos modos, el artículo 13 de la Convención Americana de Derechos Humanos de 1969 garantiza el ejercicio del periodismo a todos lo que pretendan hacerlo, no sólo a los colegiados. Y para los que se olvidaron ya de mis acostumbrada perorata de los 7 de junio, he aquí una lista de atrevidos que osaron publicar sin títulos universitario de periodistas: Mariano Moreno; Juan B. Alberdi; Roberto Arlt; Raúl González Tuñón; Jorge Luis Borges; Tomás Eloy Martínez; Miguel Bonasso; Adrián Paenza y un montonazo más que no pongo para no repetirme con los de años anteriores.

Si no servís no sirve
Para los que no entiendan el ejercicio del periodismo como un servicio están siendo amargas las horas. Porque ya hay espacios en los que la publicación de los hechos (entendemos "publicación" como el acto de dar a conocer un suceso) corre por cuenta de cualquiera de los miembros de una comunidad. Ya las propias empresas multimedios piden a los suscriptores, televidentes, lectores o público ocasional que les envíen noticias. TN tiene su blog, que abrió después de haber probado durante varios meses una línea telefónica abierta de noticias, donde recibía denuncias y propuestas del público. Hasta La Gaceta de Tucumán -un medio por demás traducional- tiene diversos espacios de participación en línea. Y el mes pasado posteó una noticia completa enviada por un lector con fotos tomadas desde un teléfono celular.
Pero uno de los ejemplos más lindos, me parece, es el de El Morrocotudo (www.elmorrocotudo.cl). Es un diario chileno, de la ciudad de Arica, que se hace por Internet. Parafraseando a Claudia (claudiaramos.blogspot.com), les diré que tiene sólo tres periodistas. Y lo curioso del caso, es que ellos no están encargados de escribir las noticias. A la información la eligen los ciudadanos y la suben a la red, para que se publique en su diario.
Así que va siendo hora de iniciar otras reflexiones sobre el periodismo. Y, sobre todo, acerca de la práctica del periodismo en relación con los destinatarios del trabajo de los periodistas. Que no son los jurados de los premios ni los editores de noticias ni los políticos que patrocinan las páginas ni las empresas que patrocinan los minutos al aire. A ver si adivinan quiénes serán.

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