14 de abril de 2016

14 de abril

He pasado el día.
Hubo un pájaro miroteando en la oficina. Otro aquí, en casa.
He pensado en el periodismo, en los periodistas, en las redacciones y mesas de noticias que conocí.
He pensado que me enseñaste a escribir.
Que he asistido a la muerte del periodismo bohemio de Tucumán.
Que he visto poetas desperdiciarse en las redacciones.
Que puedo presumir de haber estado en el mismo equipo de trabajo que José Augusto Moreno, aunque no haya leído nada suyo hasta después de su muerte.
Que soy una renegada del periodismo probablemente porque estás muerto.
He pensado en esos pájaros, mirándome.
En tus profecías, las que se cumplieron.
En todas las veces que no te hice caso.
En lo mucho que se te extraña todavía.
En sentarme a bajar teclas hasta la madrugada, aunque no vengas a traerme el sanguchito y el postre hasta el escritorio.
En terminar la facultad.
En que no me he conseguido un compañero o compañera de charla igual, o al menos parecido, en todos estos años.
He pensado en lo viejo que estarías. Quizá ya flaco.
He pensado en que te hubieras enamorado secretamente de Cristina, mientras escribías algunos ensayos sobre el peronismo K, probablemente con admiración pero sin sacarte la boina blanca.
En los dos pájaros de hoy, tan mirando. Tan por la ventana.
En la hormiga voladora que me dio un beso.
En la absurda demora de los ómnibus.
En el pájaro de la oficina. En el que me acompañó en casa.
Te seguirían quedando muy bien los espejuelos, ya viejo, ya flaco.
Se te extraña mucho todavía.

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