24 de noviembre de 2016

De acá




A este blog le hacía falta sexo.

No me hubiera dado cuenta de no se por el post anterior. El germen de una historia de dos que no terminan de enredarse despertó algún interés.
Por cierto, yo no soy ella. Casi siempre soy yo.

Justo por estos días Emma anda en eso de enterarse de que la sexualidad tiene muchas implicancias. Aunque casi todas confluyen en la ideológica, creo.

¿Y la moral? El párrafo a lo Corín Tellado en Discontinuo con esa mirada perversita (la mía, claro) de proponer lo no permitido terminó atrayendo a los curiosos.

Porque todos queremos espiar por la cerradura cuando suponemos que detrás de la puerta pasan cosas con las que fantaseamos.

La moral es ideológica.
Las diferencias morales entre los que cruzan las líneas de lo públicamente aceptado están sólo en los grados del sentimiento de culpa.
La regulación de los grados de sentimiento de culpa es ideológica.
Te sentís muy culpable si opinás que hiciste algo muy malo.

No tengo la pericia de Corín. Así que va este relato llano, para no dejar sin noticias a los que leyeron el post anterior. La ella en cuestión mantiene el interés por él. Pero está tirando miguitas en otro sendero. Uno con menos vueltas. Uno que va en línea recta al telo.

Ya ven, a este blog le sigue haciendo falta sexo.

Pero no tengo idea de cómo entrar en el erotismo a través de la escritura.

Pensé en una carta. Pero aguantalo a Lesnik si escribo aquí tan públicamente una carta llena de pitos y conchas en la que no se entiende mucho quién es cuál ni para dónde va la cosa.

Si finalmente logro escribirla, ¿el destinatario será real? ¿El narrador es el sujeto que escribe o es otro? ¿Por qué no se la escribo a Pablo y listocháu unproblemaménos?

La gracia de todas las cosas que viven en las letras es que es ahí donde son verdaderas. La "realidá efectiva" no sirve para hacer literatura. No una que me interese, al menos.

La única verdad aquí es esta realidad de acá.

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