12 de enero de 2009

La gracia que en el mar tiene el pez




Estuvimos en Santiago del Estero, de visita en la nueva morada de Diego y Jessica.

Emma se sintió muy cómoda en lo de sus tíos y se dio permiso para tocar cosas que no debía y todo. Se portó muy bien, se bancó todo: el calor, el viaje, romper la rutina y conocer casa nueva. Pero parece que no le gustó mucho la compañía del Negro Medina en el asiento trasero del auto y se manejó un quilombete de esos que obligan a parar un rato y cambiar de asiento.

Decidí que un estéreo y burletes para todas las aberturas del auto son un gasto necesario. No se trata de nada urgente, claro. Pero por una cuestión de confort vendría bien ponerle unos mangos al asunto.

Lindo Santiago (no, feo). Linda la casa de los chicos. Buena onda. Paz. Ricas berenjenas. Fondo con pasto (eso es difícil de encontrar entre la polvareda y el salitral). En fin. Un buen día.

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