4 de agosto de 2017

Representaciones



Fui a escuchar el alegato final de Pablo Gargiulo. Hoy.

La Sosa y yo llegamos sobre la hora. Todas las sillas estaban ocupadas. Algunas de ellas, por fotos de los compañeros, presentes.
Compartimos, entonces, el asiento. Yo con un señor de anteojos, Juan Carlos Meneses. La Sosa con un muchacho de apellido Herrera. Sostenemos las fotos. Las llevamos activamente sobre las piernas, nos cubren el torso. Meneses y Herrera están ahí, se sientan con nosotras.
La Sosa no trajo la foto de Lucho.

Me entero ahí, en ese momento, de que Gargiulo se representa a sí mismo como querellante (no sé si la expresión es correcta desde el punto de vista jurídico) por la desaparición de su madre y de su padre. También aboga por Jorge de la Cruz Agüero, Máximo Jaroslavsky y Maurice Jeger.

Cada tanto miro a los acusados. Los defensores están delante de ellos, forman una barrera y a veces se me hace difícil verles las caras. Los gestos. Una de las defensoras tiene el pelo sucio.

Gargiulo dice que durante el juicio se ha probado que el Operativo Independencia fue un programa sistemático que tenía como objetivo acallar las voces que se alzaban y las que pretendían alzarse contra las políticas económicas que favorecían a las familias poderosas e "ilustres" de Tucumán y condenaban a la miseria a miles de comprovincianos. Habla de cómo las fuerzas militares en la Argentina habían servido a ese objetivo desde la Conquista del Desierto.

Pienso en los condenados a la pobreza hoy. En cómo la milicia estatal pierde protagonismo en la tarea de maltratar pobres ante el esmerado servicio de la corporación judicial.

Cuando habla de la desaparición de Agüero, el abogado menciona, entre otros, el testimonio de Roberto y el de la hija de Jorge de la Cruz, Natalia. En la evocación la Aríñez atraviesa la sala, arrasadora. Se me ocurre que falta su foto. Esa que le sacó el Chino Pantoja.

Gargiulo dice que se llama Pablo porque ese era el "nombre de guerra" de su padre, Héctor Hugo.

Pablo Gargiulo aboga por Pablo Gargiulo.

En algún momento del alegato se refiere a la víctima como "mi papá". Siento como un golpe brutal la ausencia cuando dice "mi papá".

Dejamos a Meneses y a Herrera ocupando las sillas y nos vamos antes de que termine el alegato.

Camino de vuelta a la oficina, conmovida y con cierta sensación de triunfo. Todavía faltan un par de meses para la condena, ya sé. Pero la abogada de la defensa tiene el pelo sucio. Y yo, sobre mi remera de 30 Mil Somos Todos llevo un collar de perlas.

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