12 de noviembre de 2012

The bald truth

Lo peor de tener cáncer es estar pelado. Ese es el resultado de un sondeo involuntario que vengo realizando en los últimos meses. El universo está comprendido por tucumanos de todos los sexos y las edades, con y sin cánceres varios.
Es verdad que no abundan por ahí las mujeres que se afeitan la cabeza. Y eso hace que resulte curioso para alguien que me ve. Llama la atención mi cráneo lustradito (y ahora lleno de pecas, malgré el protector solar). Pero la verdad es que yo no esperaba que fuera taaaan llamativo.


Reacciones adversas y efectos colaterales de secundarios.
En la obra social, en la fila de la entrega de remedios oncológicos. Se me abalanza una mujer de unos 55 años, me abraza, me besa, me soba la calva. Yo intento entender de dónde la conozco. No la conozco. "Te felicito. Te queda hermosa la cabeza así. Yo no me animo". Le pregunto por qué. Me contesta otra que me abraza y me besa y me felicita y casi empieza a lagrimear. "Por los demás. Una usa la peluca por los demás. Yo me disfrazo por los demás". No sé qué decir. Me río, nerviosita, y les hablo de las ventajas de afeitarse el mate con este clima. No las convencí de nada. Tampoco las ayudé mucho. Capaz que si me concentro y le pongo onda un día se pasan la yilé las dos y mandan a todos los demás a la mierda.

En el shopping El Solar (¿o es Solar? Qué carajos me importa, después de todo). Recién levantada de la quimio, en busca de un helado refrescante y pecaminoso. Una nenita chiquita me mira, me mira, me mira con genuina curiosidad y esa sonrisita de nena curiosita. La madre la atropella por detrás y la arrastra del brazo hacia algún lugar lejos mientras me mira, me mira, me mira con genuino horror y esa carita de minita que no sabe si huye porque quizá soy algo así como una jipi budista o una enferma quizá contagiosa. Un vendedor de Musimundo me ve a través del vidrio. Cree que yo no lo veo. Va a buscar un par de compañeros y salen todos a la puerta para verme pasar. Los miro (a veces es divertido molestar un poco a la gente). Se ponen incómodos, se hacen los boludos, uno mira al techo y otro -en serio- silba con las manos en los bolsillos.

Emma está acostumbrada. Claro, no le queda otra. Eso no quiere decir que le guste. Le gustaba jugar a peinarme (tuve mucho pelo, muy largo) y no le encuentra entretenimiento a la bocha. Cuando me presenta con algún amiguito o la mamá de algún amiguito dice "esta es mi mamá. Se llama Mariana ¡y está pelada! ¿Ves?". Lo hizo varias veces durante la fiesta del día de la madre en el jardín. Hace poco los compañeritos, en una pelea, le dijeron "y tu mamá está pelada". Ella contestó "sí, ya sé". Pero no vio venir la estocada final: "Está pelada y tiene las piernas gordas". A eso no había con qué darle...

La pura verdad
Es que los comentarios son inevitables (¡Por supuesto! ¡Tengo la cabeza afeitada!) Pero la gente no sabe qué onda. No saben si ponerle humor a la cosa. No saben si me voy a largar a llorar por la mecha perdida. No saben si los comentarios me van a caer bien o de costado, medio cruzaditos o si me van a atropellar. Han de suponer que ya que uno tiene poca pelambre se ha vuelto también una persona de pocas pulgas.
He aprendido en la sala de quimioterapia que el cuero, cuando deja de ser cabelludo, se torna sensible. Y que por eso es mejor tener cuidado cuando uno habla con otros pacientes acerca del tema. O cuando los mira.
En mi caso, la cabeza rapada es lo de menos. Y no es excesivo pragmatismo. Es realmente lo de menos en una lista que incluye hígado en compota; riñones a la provenzal; piel de segunda categoría; intestinos sin flora ni fauna; saliva que cambia de gusto o desaparece; vómitos, ganas de vomitar, interés de vomitar, cansancio de vomitar; uñas extrañas (como de un material no onicoso); carencia de pestañas, cejas y pelos en la nariz; insomnio; demasiado sueño...

Sentido del humor. Sentido del tumor
Grandes colaboradores los Font-Bernabey, con los comentarios sobre mi conehead y alguna otra cosa que no recuerdo, pero es un alivio para mí que les parezca gracioso lo que es gracioso.
Un compañero de quimio que me contó que cuando le regalaron la maquinita eléctrica estaba internado. Y que se rapó y se levantó y fue pelando a todos los de la sala que iban levantando la mano y se hacían cortes punk y estilo mohicano.
Una compañera de quimio (de 78 años, de Las Estancias) que en mi primer día de aplicación hizo toda clase de chistes groseros sobre la calvicie craneal y corporal, sus ventajas y desventajas.
Pablo me ayudó a planificar afeitada craneal para toda la familia, incluyendo al gato Pluma y al perro Homero. Sigo dudando si debemos dejarles las orejas peludas.

Fundacional
He decidido crear una banda: La Calva. Y eslóganes del estilo de "música al filo" o "a grito pelado". Me gusta mucho la música latinoamericana, la trova, el folclore. Pero creo que prendería bastante en el público algo más bien como el rap.

5 comentarios:

Paola Jiménez Mones dijo...

Entre lágrimas y risas celebro que hayas vuelto a escribir!

Mariana Nofal dijo...

¡Gracias Pelada!

el gordo dijo...

hermoso...

Merveilleuse dijo...

Y yo creía haber comentado ya. Me encanta este post. Ya se viene el de febrero?

Mariana Nofal dijo...

Se viene...