25 de enero de 2007

La manera que en verdad importa


Importan dos maneras de concebir el mundo.

una, salvarse solo,

arrojar ciegamente a los demás de la balsa.

Y la otra,

un destino de salvarse con todos,

comprometer la vida hasta el último náufrago...



La cita de Tejada Gómez me viene bien. Celebra la solidaridad. Nos invita a la otra forma de concebir el mundo, a un futuro construido sobre la mutualidad ("un destino de salvarse con todos"). El escritor nos invita también al compromiso (en este caso teñido del componente sacrificial ineludible para un hombre de su tiempo. Creo que este poema es de principios de los '70). Solidaridad y compromiso son los conceptos que me interesa destacar hoy, en relación con el proyecto de reforma previsional presentado por el oficialismo.


Solidaridad

El proyecto de reforma previsional implica, aunque no un retorno al sistema único, un fortalecimiento del reparto solidario. Quiero destacar aquí que el régimen previsional argentino (junto al sistema de obras sociales) es único en su estructura, espíritu y funcionamiento. En nuestro país, los trabajadores depositan un porcentaje de su sueldo en una cuenta pública. Cada uno aporta según sus ingresos a esta caja común. Y cuando le llega el tiempo de jubilarse recibe un beneficio mensual vitalicio, incluyendo aguinaldo y seguro de salud. Cada uno recibe un beneficio proporcional a los aportes que realizó. Pero hay un tope máximo (no se pagan beneficios mayores a determinado monto) y un mínimo (nadie puede cobrar menos de un determinado monto). Así, el excedente de los que aportaron mucho compensa la falta de los que no aportaron suficiente.

El fortalecimiento del sistema se dará, en primer lugar, a través de los aportes de los nuevos ingresantes. Según la Anses, siete de cada diez trabajadores que se incorporan a la vida laboral no eligen el destino de sus aportes y terminan por sorteo en alguna AFJP. Una vez aprobado el proyecto, los que no elijan irán a parar al sistema de reparto.

La administración pública de jubilaciones también ganará con los arrepentidos, con los que habían ido a las AFJP en busca de Eldorado y ahora quieren salirse de las administradoras privadas. Y con los que, como yo, nunca pudieron optar y por militancia o por conveniencia económica prefieren no tener sus ahorros para la vejez jugando en la ruleta del circuito financiero.

Por supuesto, lo que hará más sólido al sistema de reparto es la confianza de los aportantes.

K jugó bien sus cartas: restituyó de a poco la confianza en la adminitración pública de pensiones aumentando en forma progresiva los beneficios (empezando por los más mezquinos, lo que estableció una sensación de justa prioridad) y sentando las bases para una restauración de las prestaciones de salud (Pami). Además, la Anses empezó a cumplir (también de a poco) con el pago de sentencias a favor de los jubilados.

Una vez que todas estas reparaciones al sistema estuvieron en marcha, el oficialismo fue más allá con las apuestas. Estableció un programa conjunto entre la Anses y la Afip para ofrecer la jubilación anticipada y la prestación básica universal para mayores de 65 años.

La jubilación anticipada permitió a miles de excluidos por la política económica de Carlos Saúl acceder al beneficio previsional. Muchas de las personas habían perdido sus empleos durante la década del '90 y no habían podido reincorporarse al trabajo formal. Estas personas, en la actualidad, revistaban dos estados. Uno, el de los que tenían ya 30 años de aportes previsionales pero no tenían edad para acceder a la jubilación ordinaria. Otro, el de los que tenían edad para jubilarse pero no alcanzaban a justificar treinta años de aportes al sistema. Estas situaciones de desamparo pudieron solucionarse (leyes y decretos reglamentarios mediante) permitiendo el acceso a prestaciones básicas universales a los integrantes de ambos grupos y estableciendo moratorias para el pago de los aportes adeudados.

Así, los que habían sido arrojados de la balsa a las aguas del sistema de capitalización que ofrecía todo (lapiceras con estíquer, tarjetas de crédito, descuentos en medicina prepaga, y un futuro promisorio de dólares bajo el colchón), todo menos un futuro de salvarse con todos, pudieron ver que la playa estaba cerca.

Una vez que todos estuvimos de acuerdo en que no hay como la caja previsional pública y solidaria, la actual administración del Estado dio el paso final: afianzar desde la letra de la ley el trabajo de la Anses. La reforma del sistema previsional llegó justo cuando nos dimos cuenta de que el sistema privado nos estaba sangrando y el sistema público podía funcionar bien.


Compromiso

Insisto. K jugó bien sus cartas. Y eso le permitió cumplir una promesa de campaña. Pudo haber hecho el intento en otro momento. Con el Congreso en contra. Con la sociedad en duda. Pero se aseguró de hacerlo en un momento en que los trabajadores exigirán a sus representantes el respaldo a la reforma.

El catálogo de ilusiones inasibles (como el "salariazo" y la "revolución productiva") abre paso a la ejecución seria de un plan para acceder en forma efectiva a los cambios propuestos.

No queremos dirigentes y administradores del Estado que sólo nos digan (a veces con buenas intenciones, se admite) que vamos a tener un buen porvenir. Queremos que tengan la inteligencia de garantizar un buen porvenir.

Las modificaciones que propone el proyecto (que está cerca de aprobarse) ponen de nuevo en pie el reparto solidario del beneficio previsional. Y satisfacen a los votantes que no suelen marcar muchas cruces en su lista de promesas electorales.

Y vos, ¿cuál es tu manera de concebir el mundo?

28 de diciembre de 2006

Parte del aire


Siempre estoy en algún lado. Si me buscan, me encuentran. Soy parte del aire.

El celular, el blog, el flog, skype. Creo que no estoy todavía en youtube (sí, lo escribo todo junto y con minúsculas porque youtube fue siempre un http. Antes que eso no era nada, no podía ser. Su nombre es el protocolo donde se lo encuentra. Como bakerstreet, la calle de los panaderos. Como El Mojón, el pueblo donde estaba el mojón que marcaría vaya uno a saber qué cosa). Pero no lo sé con certeza. Quizá ande por ahí una marianita bailarina. Una marianita de casamiento. Una marianita manifestando frente a la plaza.
Mi dirección postal sólo sirve para recibir las facturas de cuentas que tengo que pagar. Y no todas. Muchas empresas me informan sobre los vencimientos de deudas en la red, a través del banco. Apenas me estoy acostumbrando.
Soy de la rara especie (dentro de los de mi edad, claro) que todavía atesora papel impreso. De cualquier tipo. Libros, sobre todo. Pero también revistas o publicaciones esporádicas. Artículos que me gustaron y que quiero volver a leer en algún momento. Cosas sueltas, partituras. Fotos de la National Geographic. Pero cada vez guardo menos. He tirado este año recortes y piezas completas de publicaciones periódicas. Lo hice porque sus editores tienen un archivo disponible en la red. Si quiero volver a leer algunos artículos sólo tengo que hacer, a lo sumo, una lista para no olvidar los títulos. Después, teclear el nombre en la cajita de texto de un buscador y voilà, la nota. Me voy habituando de a poco a que el objeto de texto no necesariamente tiene que poder tocarse y olerse. No necesito las hojas amarillas para saber que es viejo (o el olor de la tinta fresca que me dice que recién sale de la cocina): en la pantalla me indican la fecha y a veces hasta la hora de publicación. No necesito ver las tapas o acariciar el papel para tener alguna idea sobre la cualidad económica del editor: tengo las referencias completas en un link en la página de consulta. Sibelius no sólo publica las partituras en la red, sino que además las lee por mí.
Todavía tengo un cuaderno. De esos con argollas en espiral. Creo que por eso posteo poco. En el cuaderno puedo dibujar a mano alzada. Puedo escribir cosas sueltas, en un instante. Olvidarlas después y volver a leerlas unos años más tarde. Con el asombro del tesoro reencontrado. Me fijo en la tinta que usé. Los colores. Las letras que se desdibujaron y alguna figura transparente de lápiz blando sin fijador.
¿A dónde irán a parar estos cuadernos del viento? Cuando cambie el software. Cuando se quemen las oficinas de Google, irremediablemente, bajo un rayo de tormenta. Cuando se reemplace toda la tecnología por toda otra tecnología. Cuando la tecnología que edita este blog muera bajo la espada impiadosa de cosas nuevas o peor, de cada vez más cosas nuevas.
Para Mora y para Sandino guardo mis cuadernos. Es lo que tengo para dar en herencia. (Morita, sé que vas a seguir siendo glotona, así que arreglá con el General para que te ceda los que vienen con recetas de cocina). Me pregunto si cuando lleguen a sus manos van a saber leerlos.

11 de diciembre de 2006

Llame ya y corra a comprar su vacuna contra el HPV


¿Vieron que ya se puede conseguir en las farmacias argentinas la nueva vacuna contra el Virus del Papiloma Humano?
Se llama Gardasil y cuesta 926 pesos argentinos. Qué tal. Pero chicas, eso no es todo. Hay que usar tres dosis en un plazo de 5 meses. Es decir, multipliquemos los 926 por tres. Sip. Casi tres mil pesos.

Si llegasen a contar con esta cantidad de dinero y una férrea voluntad de no contagiarse de estos bichos, además deben cumplir con una serie de requisitos tales como la edad. Así es, vejetas. Ustedes que ya cumplieron los 26 añitos no se molesten en comprar Gardasil y gástense la plata en el consultorio del cirujano plástico o en 15 pares de zapatos caros. Los especialistas consideran que a esa edad ya no nos conviene. Todavía no entiendo por qué. No sé si consideran que a los 26 ya cogimos con tanta gente que lo deberíamos haber pescado antes o que a los 26 ya estamos retiradas de la actividad sexual y no hay riesgo de contagio. Chi lo sá.

Igual, les tengo una buena noticia. Hay una vacuna homeopática, apta para todas las edades, sin efectos secundarios y adivinen qué: cuesta unas 300 veces menos que el Gardasil. Se vende en farmacias desde hace rato, pero no tiene un aparato publicitario de laboratorio extranjero que la promocione. Tienen que pedir la recomendación correspondiente a su ginecólogo y después hacer una consulta con un médico especializado en homeopatía para que les haga la prescripción. Asegúrense de que sea un homeópata con título de la Universidad Nacional de Tucumán y no la Rímolo ni uno de esos chantas itinerantes del "el dr. Zoydberg atenderá en Tucumán los días 23 y 26 de diciembre. Aproveche oferta 2x1".

POST SCRIPTUM. Los remedios homeopáticos son muy baratos vienen en sólo 3 presentaciones: polvo (envueltos en un papelito con una dosis individual); gotas (que se toman en muy pequeñas cantidades. Casi siempre 10 o menos gotas); y glóbulos (unas pastillitas de azúcar muy chiquitas). Cualquier otra presentación (cápsulas, tés, inyecciones) probablemente sea un fraude. Y si la medicación cuesta más de 12 pesos por cada frasco, también es probable que no sea homeopatía. Tengan cuidado, hay mucho chanta suelto.
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